… que no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia.

Reflexión que puede perfectamente aplicarse a otros muchos aspectos de la vida. No es más cuidadoso quien repara lo que rompe, sino el que apenas rompe cosas. No es más ecologista quien lleva más envases a reciclar, sino el que menos envases usa. Y así con cualquier cosa que se nos ocurra.

¿Y por qué me acuerdo ahora de esta enseñanza de mi tío Rafa? Para empezar, porque era mi tío preferido. Era el Leonardo da Vinci de la familia. Todo lo quería experimentar y saber. Aprendía solo, en una época en la que aún no estaban los tutoriales de youtube para sacarnos de cualquier duda. Era un guitarrista maravilloso, pero también disfrutaba cultivando flores, pintando cuadros, construyendo una radio, y embobándonos con sus juegos de magia con cartas. También enseñaba a tocar la guitarra. Ahora que lo pienso, tengo raíces docentes por todas partes. Bien.

Por otro lado, una mala experiencia reciente me ha hecho reflexionar sobre este tema de la limpieza. No es mejor madre ni padre quien limpia las suciedades de sus vástagos (cuando tienen edad de hacerlo por ellos mismos) ni quien repara lo que rompen. Se trata de educación. Sobre todo, si se ensucia o rompe algo ajeno.

Pero no todas las familias educan igual. Algunas delegan ese tema en los maestros, y por supuesto en la escuela se deben enseñar «valores». En todas las áreas y situaciones de aprendizaje, no solo en las asignaturas de religión o alternativas. De hecho, no creo que deban ser motivo de conformar una asignatura. Debería, a mi modo de ver, ser un tema transversal. En las ciencias hay ética, en las artes también. La vida sin valores morales sería una jungla. Que ya lo es, por desgracia. Pero al menos un porcentaje de personas intentamos que no lo sea. Educando a todas horas. En clase, en la calle, donde sea que alguien se salte alguna norma no escrita y perjudique a alguien sin motivo.

Todos estos conceptos son más que discutibles, por eso es bueno dialogar, aceptar la libertad del otro, no traspasar ciertos límites. ¿Y quién pone los límites? Buena pregunta.

La educación de los menores, necesita límites. Sin ellos, se pierden. La libertad absoluta no da buenos resultados. Es difícil, pero nadie dijo que ser madre, padre, docente, fuera fácil. Es una misión enriquecedora porque aprendemos todos. Termino esta reflexión con ánimos para esas familias luchadoras y valientes que además de ser madres y padres de sus hijos, los educan en casa. Ole y ole. Un aplauso, y palante. ¡Agilando!


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