La semana pasada, la Universidad de Extremadura participó en la Noche Europea de los investigadores. Casi 400 universidades de otras tantas ciudades europeas, abrieron sus puertas al gran público, en especial al alumnado no universitario, para mostrar y difundir sus investigaciones científicas, y sus logros académicos e innovadores. Allí estábamos representando a la Facultad de Educación y Psicología de Badajoz, varios compañeros científicos, y artistas docentes. Porque artistas y docentes, también investigamos.

Entre los ejes temáticos de este año 2024, estaba el dedicado a las «Ciudades inteligentes». Y dentro de éste, propuse el tema «La escuela inteligente». Llevé hojas en blanco y material de dibujo y diseño. Pasaron por mi espacio en el Centro Vivo del antiguo hospital provincial de Badajoz, casi 100 estudiantes de primaria y secundaria. Fue el jueves por la mañana, en horario escolar. En la sesión del viernes por la tarde-noche, este año no participé.

Para empezar, diré que noté la diferencia en el día y hora de realización. Los viernes por la tarde, los jóvenes se acercan a la UEx acompañados de sus familiares. El jueves por la mañana, lo hicieron con sus profesores y compañeros de clase, claro. El ambiente era de fiesta, como los viernes, pero distinta, sin apenas adultos. Siempre se agradece una mañana fuera del aula. No porque el aula sea mala en sí, pero la novedad estimula la curiosidad, y la curiosidad es la base del aprendizaje. Los mayores iban en grupitos pequeños y libres, y los peques iban en grupo-clase y con su maestra. Todos interesados en hacerlo todo, había muchísimos puestos variadísimos. Desde solarizaciones de hojas vegetales en papel fotográfico y tintura azul, hasta programación de robots. Todo chulísimo.

Y en mi propuesta de diseño de un cole inteligente, me encontré con escolares que decían tener en sus centros un «Aula del Futuro». Anda, pues eso será lo que voy buscando, pensé. Pero no supieron decirme mucho de ese aula, la verdad. Eran peques de primaria, de centros públicos de la ciudad de Badajoz. Al parecer, en ese aula del futuro, tenían ordenadores. Les pregunté si sabían lo que significaba que una máquina fuera inteligente, y no lo tenían muy claro. Los fui guiando, nombrando cualidades de los teléfonos y demás, como la medición de la temperatura, el reconocimiento de la voz… Pero eran muy pequeños, no comprendieron mucho.

Así que fui por otro lado, les dije si les gustaría que en su cole hubiera un huerto, y se pusieron como locos a dibujar un huerto. En general pensaron que les faltaban árboles en el cole. Pero insistí, y les di la idea de «huerto inteligente», a ver si así lo comprendían. ¿Huerto inteligente? Sí, que detecte cuando una planta necesita agua y te avise, o cuando la está atacando un bicho, para que vayas a curarla, o la cure directamente. Eso sería un huerto inteligente, no? Algo entendieron.

Los más mayores, de secundaria o bachillerato, de otros centros, dibujaron aulas con aparatejos digitales. Ellos ya saben más de máquinas inteligentes. Uno diseñó unos asientos flotantes, y por las líneas que le dibujó debajo, parecía que se movían y todo. Qué mareo sentarse ahí, pensé.

Otro diseñó un boli con las chuletas incorporadas. Otros, pistas de deporte «inteligentes». Gran variedad de ideas, con un poco de ayuda, pero buenos resultados. Eso sí, ninguno hizo referencia al grafeno como material super conductor que revolucionará el intercambio de datos digitales, como anunciaban hace más de 10 años que sería el futuro. ¿Qué pasó con el grafeno? Cuando yo lo conocí, diseñé una «Escuela plegable» y la llevé a un congreso en Santander. No he visto esa tecnología en las aulas actuales. Los ordenadores, pantallas y tabletas siguen siendo de materiales tradicionales. Más planos, pero no tanto como el grafeno. Seguiremos esperando, el futuro nunca llega.

Como conclusión, una escuela inteligente quizás necesite un huertito, con o sin sensores para avisar de peligros. Si paseamos a menudo y lo cuidamos, no harán falta maquinitas. Y los asientos flotantes, serían buenos para hacer equilibrio, o yoga, no sé. Divertido, al menos. Qué difícil es predecir el futuro. Lo que los adultos piensan que sería mejor para los niños, no siempre es acertado. Y eso que somos inteligentes, ¿verdad?

Pueeees seguiremos informando. La semana que viene, hablaremos otra vez de Agila. jeje.


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