Hace años que a causa de un problema familiar, empezó a rondarme la idea de buscar alternativas a la escuela oficial. Conocí a una familia que educaba en casa, y junto a otras amigas que también tenían problemas escolares con sus hijos, hicimos un grupo pro-escuela libre. Encuentros en la alcazaba de Badajoz, difusión básica, organización de horarios… Incluso hicimos una ponencia para un congreso mundial sobre estilos de aprendizaje, en Cáceres. Casi me cuesta el entonces reciente puesto de trabajo en la universidad. Había compañeras que me decían que la facultad de Educación forma docentes para el sistema. Otras coincidían conmigo en que hay vida y docencia más allá de las instituciones públicas. Afortunadamente sigo en mi puesto de trabajo, formando docentes todoterreno, o al menos les abro los ojos a la realidad y los animo a buscar trabajo hasta debajo de las piedras, o mejor aún, a crearlo ellos mismos. También los animo a innovar de verdad, no solo con las TIC, sino con creatividad e imaginación. Les hago diseñar su escuela ideal, esperando que se atrevan a llevarla a cabo. Sin miedo.

Y mientras tanto, he creado la mía propia. Agila es una escuela física, un chalet cerca de la ciudad de Badajoz. Mi intención no era informar a las autoridades educativas , ni pedir subvenciones ni nada. Escuela privada autofinanciada. Pero caí en la trampa y solicité el código de centro. No me lo dieron. Me pidieron mejoras en el espacio. Las hice. Cuando tenga los nuevos planos visados, volveré a pedir el código de centro. Sin mucho interés, lo reconozco. Servirá para que las familias estén tranquilas con la legalidad de la enseñanza, pero dejaré de ser libre.

Lo bueno es que la sección a distancia de Agila, crece y crece. De ahí el nombre de nuestro canal de difusión en Telegram: t.me/agilacrece. Más de 50 peques han pasado ya por aquí en estos 4 años. Los hemos sacado de sus coles anteriores, cada uno con su historia personal y sus razones para dejar la escuela oficial. La mayoría estudian con Agila, aunque algunos también se fueron y buscaron su propio método o lugar. Ninguna escuela es buena para todo el mundo. Ninguna asegura el éxito a todo el mundo. Por eso es necesario que haya opciones. Y libertad para elegir.

Afortunadamente, cada vez hay más alternativas al cole tradicional. Las llaman escuelas vivas, pedagogías activas, en la naturaleza, en el bosque. Solo el nombre ya emociona. Y como suelo decir a mi alumnado universitario, «sin emoción no hay aprendizaje».


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