¿EN LA OPOSICIÓN DE SECUNDARIA? Pues sí.
A mi alumnado universitario, futuros docentes, les suelo recomendar que utilicen en sus programaciones «palabras mágicas» que les abrirán puertas. Como el abracadabra de Alí Babá y los cuarenta ladrones.
Esas palabras mágicas están por todas partes desde el primer día de clase, en la programación anual de los centros, en las leyes educativas, en cualquier proyecto docente actual. El alumnado de infantil, primaria y secundaria no suele verlas, pero los docentes sí. Forman parte del currículo oculto y de los elementos transversales. Pero últimamente ya no se ocultan, se muestran sin pudor, se alardea de ellas. Han pasado a ser políticamente correctas. Y no tenerlas en cuenta, penaliza. Sí, sí, penaliza.
En estos momentos se está desarrollando el concurso-oposición del cuerpo de profesorado de Educación Secundaria en Extremadura. Algunos alumnos, preparados por mí para esta prueba, han sacado buena nota en el ejercicio inicial, y han pasado a la clásica «encerrona». Dos horas de preparación individual de una defensa de programación, y uno de los temas decidido por sorteo.
Una de estas programaciones, creada por mi alumno, era realmente original y motivadora. Relacionaba la arquitectura (su profesión) con el cine. Tocando todos los temas preceptivos del currículo de 1º de ESO. Muy chula, la verdad. Y muy bien justificada. Hasta una profesora del tribunal se lo ha hecho saber al terminar su defensa. Peeeeeero…
Pero ha suspendido. ¿Por no citar los ODS? Exacto. ¿Pero tan importantes son? Vamos a ver.
Pobreza cero, emisiones cero, vida saludable, buenas relaciones, educación de calidad… Ah, educación de calidad. Ése sí, claro. El resto… pse. Incluso la educación de calidad, ¿depende del docente? Las nuevas leyes están llenas de buenos propósitos, pero ¿son realistas, con la organización actual de aulas, horarios, separación de áreas, masificación y diversidad de alumnado…? Lo de diversidad es un buen eufemismo, cuando lo que va in crescendo son los «problemas de aprendizaje» entre el alumnado. https://www.youtube.com/watch?v=aiUqkXwKSQw&t=14s Sir Ken Robinson (1950-2020) habla aquí de algunos casos curiosos. Para mí que tantos problemas «de atención» tienen relación con el resto de circunstancias escolares.
Volviendo a los ODS. Muy bien sobre el papel, muy bien en los debates políticos, muy buenas palabras y pocas intenciones de resolver problemas, pero en una programación escolar, no. No nos carguéis esa mochila, señores políticos. Nuestro alumnado no tiene la culpa de lo mal que está el mundo, no pretendan ustedes que resuelvan sus problemas. La pobreza cero no se puede abatir desde un aula de infantil, ni de primaria, ni de secundaria, ni el profesorado en su claustro. No se puede. Ni reducir las emisiones de carbono, pues en los libros pone que el carbono es alimento de las plantas y las plantas son alimento de los animales, ¿cómo vamos a culpar a nuestros niños y jóvenes de la contaminación de las grandes fábricas que han construido los adultos? No pretendan confundirnos.
Pero esto no es nuevo, eh? Solo le han cambiado el nombre. Cuando yo era pequeña y no me terminaba el plato de comida, me querían hacer sentir culpable porque en África había niños que pasaban hambre. Ahora lo entiendo como un chantaje emocional o adoctrinamiento o cualquier otra barbaridad mental. Pero entonces no lo entendía en absoluto. Con los ODS tengo la misma sensación. No comprendo su relación con mi mundo y el de mi alumnado. Solo intuyo que los verdaderos responsables de tantas desgracias, se quitan el muerto de encima y nos lo tiran para que lo carguemos nosotros.
Permitamos a las nuevas generaciones mejorar los sistemas, que ya están obsoletos, no sirven. Enseñemos historia para no repetir los fallos (esto se dice mucho pero no se hace). A grandes males, grandes remedios. Cambio total, nuevas estructuras sociales, económicas, políticas sobre todo. Hay cosas del pasado que serían muy útiles ahora. No todo lo que nos venden como progreso, lo es. No es progreso arrancar olivos para instalar plantas solares que contaminan al ser fabricadas y en pocos años hay que tirar pues no admiten ni reparación, y generan más desecho contaminante que el que dicen evitar. Que no nos engañen. Todo esto hay que contarlo en las aulas. Los objetivos de desarrollo sostenible no son los que pone la agenda 2030. Hay que leer entre líneas.
Pero a ver quién se atreve a decir esto en un tribunal de oposición, y que te aprueben. Si solo por no citar los maravillosos ODS ya te suspenden. Vamos mal.
Agilando el verano.

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