En el primer Encuentro Agilero de Familias en Casa.
Todo lo que diga se quedará corto.
Y aún así, nos ha sabido tan a poco, que ya estamos deseando repetir. ¡Hemos superado todas las expectativas! 17 peques, 15 adultos, todos como una gran familia. No hay palabras para agradecer la energía que han traído y compartido, además de los productos de sus tierras, todo riquísimo. Pero lo mejor, la presencia, las conversaciones, las risas, los gritos, los juegos.
Estaba todo medio planificado, y la otra mitad ha salido sola, ha fluido. Cuando las acciones salen del corazón, no hace falta ni hablar. Siempre unas manos dispuestas a recoger, a limpiar, a ordenar, a cocinar. Maravilloso.
Algunos peques han dado charlas sobre seguridad en el bosque, cómo dibujar cómics, papiroflexia, y cómo crear un pequeño reno para colgar en el árbol de Navidad. Aquí conservo un ejemplo de cada uno, por supuesto los colgaré en mi arbolito familiar. Y cada vez que los vea, recordaré esas manitas creadoras.
También han jugado a la pelota, han leído cuentos, han pintado con spray una casita de madera, y un mural de plástico transparente con rotuladores. Han saltado los árboles caídos, las ruedas, el columpio no se ha roto de milagro. jajajaja
El concierto didáctico, maravilloso. Un viaje musical por el mundo de la mano de dos músicos impresionantes. Haciendo participar a todos con pequeños instrumentos, y embobándonos con las canciones más dulces de cada lugar del planeta. Inolvidable.
La charla sobre el kéfir también fue interesante, repartimos un poco del hongo para las familias, y aquí se quedó también una parte. Todos los días tomo un poquito del producto, para cuidar mi flora intestinal. Cuánto se aprende, sobre todo a cuidarnos.
El paseo por Badajoz, descubriendo caminos que hacía tiempo que no transitaba. La muralla de la Alcazaba cada vez luce más bonita, con tantas excavaciones y puentes nuevos para recorrerla. Incluso pasamos cerca del fantasma de Biblioteconomía, jajajaja. No lo vimos pero estábamos preparados por si aparecía. Anda que si aparece…
En cualquier sitio se organiza de repente un juego improvisado. Al lado de los cañones del Baluarte de San Pedro, en el Campillo, una simple rampa se convierte en un campo de juego. A ver quién la sube de un solo salto. Y de repente nos abren la Galería de Fusileros, y allá que nos adentramos a cotillear por dónde disparaban al enemigo. Les cuento que en 1812 los portugueses y los ingleses nos ayudaron a echar a los franceses, y así hago un poquito de guía turística.
Badajoz es bonita y tranquila, pero Agila es espectacular. Ha costado mantener el césped, los setos, dejar que crezcan más árboles, construir perreras y gallineros, reformar la piscina con el clorador salino, uf cuántas cosas. Pero merece la pena. En estos momentos es cuando el esfuerzo obtiene su recompensa. En los campamentos los peques disfrutan, pero aquí lo han hecho pequeños y grandes. Estas familias luchadoras que educan en casa, lo merecen todo.
Porque no han parado de hablar, de darse consejos, ánimos, recetas. Se han sentido acompañadas, parte de un proyecto común, una historia de vida, están dando forma al futuro de su prole. Juntas. Familias unidas jamás serán vencidas. En Agila.
Gracias. Os esperamos el próximo verano. Hasta entonces, custodiaré con cariño esta energía de colores que habéis esparcido por este pedacito de campo. Y el desayuno, en esas tacitas de recuerdo, para que cada día pensemos un poquito unos en otros.


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