Y otras fiestas de guardar

Nunca he entendido que el invierno se inicie cuando los días vuelven a crecer, y las noches a menguar. En eso consiste el solsticio, ¿no? Para mí, que lo que empieza ahora es la primavera, o mejor dicho, la mitad final del invierno. Tengo un desajuste temporal de mes y medio, como cuando digo que soy una «zurda contrariá», algo no me termina de cuadrar en los esquemas de la vida.

El caso es que pronto celebraremos la noche más larga y el dia más corto. Y lo celebraremos trasnochando, rompiendo las normas naturales, en lugar de dormir como hacen muchos animales, que es lo que realmente nos pide el cuerpo. El cuerpo maduro, claro, que los jóvenes prefieren festear que descansar. Como decía mi abuela Clara, «Ya descansaré cuando me muera». Y lo decía de anciana, fíjate. Me la imagino de joven, hiperactiva la llamaríamos ahora. Algo hemos heredado mi madre y yo. jeje

Más cosas del calendario que no me cuadran. Ni a mí, ni a los contables y las empresas. Que el año comience en enero, y el curso escolar en septiembre. Mi vida se mide en cursos desde que tengo uso de razón, por esa curiosa decisión de hacerme docente. Me molesta que a mitad de noviembre, en la universidad nos pidan que hagamos los últimos pedidos de material para cerrar el año contable. Pero si acaba de empezar el primer semestre, hombre, déjame que piense con tiempo qué necesito para el segundo. En fin.

Pero vamos al asunto principal de estas fiestas de guardar. El nacimiento de Jesús de Nazaret. Que según algunas fuentes, no fue el 25 de diciembre. Da igual, la iglesia cristiana distribuye fiestas durante todo el año siguiendo otros criterios que no son la exactitud histórica. El caso es festejar. Al menos, el motivo de esta fiesta es alegre, un nacimiento feliz. Menos entiendo la tortura y la muerte, pero parece ser que remueve conciencias y para algo servirá, seguro. Me educaron en la religión cristiana y reconozco que sus objetivos son nobles, no así sus maneras. Otro día profundizaré en mi experiencia en este tema. Hoy me centro en la coincidencia de fechas entre la Navidad y la pausa invernal, ahora conocida como «vacaciones». En este hemisferio, porque en el otro están en verano. Qué envidia, si pudiera mudarme allí cada invierno, lo haría. Hasta que me aburriera del verano. Como el verano más largo de mi vida, el año que viví en Lanzarote. Qué maravilla.

Bueno, que me pongo nostálgica. Habrá que afrontar el frío con alegría, para eso creo que sirven estas vacaciones, las celebraciones, los regalos y demás. Para jartarnos de comer y beber, que eso sí que lo pide el cuerpo, para reponer energía y calorías. Ya que no se puede dormir 20 horas al día, que sería lo suyo, vamos a celebrar que tenemos luz eléctrica por todas partes, en casa, en las calles, para trabajar, para comunicarnos, para estar conectados con nuestros seres queridos, qué maravilla la evolución y la tecnología. Aaaaaay qué sueño.


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